Últimamente el centralismo utiliza el lenguaje del futbol para explicar algunos fenómenos políticos que ocurren en nuestro país, así por ejemplo, pese a que a los impulsores de la consulta popular les que quedó el sabor amargo por perder la votación en las preguntas claves que buscaban “arbitrajes internacionales” y “trabajo por horas” hablan de una “ganancia por goleada”. En otro orden de cosas, en Santa Elena, la comuna Olón y una fundación ecologista denuncian la agresión a los manglares y algarrobos en el esterillo Oloncito de la parroquia Manglaralto y una alta funcionaria, con la ligereza de comentarista deportivo improvisado, dice que “Estos escándalos tienen que ver con la necesidad de partidos políticos que se ven fuera de la cancha…luego de la goleada 9 a 2”. Ya que les gusta tanto el futbol vamos a comentar el “gol olímpico” que le hizo esta semana la Asamblea Nacional al gobierno al aprobar la “Ley Orgánica para Asegurar la Asignación Directa y Oportuna de Recursos de los Ingresos Permanentes y No Permanentes a los Gobiernos Autónomos Descentralizados”. Fue un gol olímpico ya que lo aprobaron por 106 de 120 asambleístas presentes (88,3%) y los defensas y el arquero no tocaron la bola y tampoco se atrevieron a votar en contra. Se abstuvieron.
Si el Centralismo respetara la pirámide de Kelsen, la ley aprobada sería absolutamente innecesaria ya que la Constitución, en su artículo 271, señala que: “Los gobiernos autónomos descentralizados participarán de al menos el quince por ciento de ingresos permanentes y de un monto no inferior al cinco por ciento de los no permanentes correspondientes al Estado central, excepto los de endeudamiento público. Las asignaciones anuales serán predecibles, directas, oportunas y automáticas, y se harán efectivas mediante las transferencias desde la Cuenta Única del Tesoro Nacional a las cuentas de los gobiernos autónomos descentralizados”. (En la Asamblea Nacional en el año 2010 ampliamos lo que dice nuestra constitución, sin irrespetarla, e incrementamos a 21% los ingresos permanentes que les corresponden a los GAD y al 10% los recursos no permanentes destinados a los Gobiernos Autónomos Descentralizados).
Lamentablemente en los últimos tres gobiernos la morosidad en la entrega oportuna de recursos ha llegado a extremos inadmisibles -según el presidente nacional de la AME han superado los 4 meses de atraso-. La Asamblea Nacional, “lloviendo sobre mojado” ha tenido que aprobar una nueva ley para impedir la morosidad institucionalizada de los gobiernos, desde 2017. La historia -no los “correistas”- muestra que del 2007 al 2017 no hubo atrasos importantes en las transferencias del presupuesto general del Estado a los GAD. Talvez habría sido suficiente modificar el Código Orgánico de Organización Territorial, Autonomía y Descentralización, COOTAD, incluyendo un artículo que sancione con destitución a los funcionarios que incumplan la Constitución y la Ley, usando fondos de los GAD en otras obligaciones económicas y financieras del Estado, con la defensa cerrada de los “expertos” centralistas que desde ya piden “Veto total” porque “no hay plata” para entregar a los GAD y porque esos gobiernos descentralizados “malgastan” los escasos recursos de nuestro empobrecido país.
En fin… la Ley está aprobada y sometida a análisis del Presidente de la República en los próximos 30 días para que realice una de las tres acciones posibles: apruebe la ley y la promulgue, objete parcialmente y la devuelva a la Asamblea Nacional o la objete totalmente y la Asamblea deba esperar un año para volverla a votar y sin pasar por el análisis presidencial la promulgue y publique en el Registro Oficial. Con el Gol olímpico ya cantado y festejado, el presidente tiene 30 días para “desojar margaritas” ya que: si veta parcialmente la ley, la asamblea, con 92 votos, podrá insistir en su texto original y volver a festejar su golazo. Si la veta totalmente podría darse el caso que el festejo transitorio del presidente y sus “asesores” centralistas se transforme en autogol el próximo 5 de febrero de 2025, pues es totalmente previsible que -desde el día del hipotético veto total- las 874 juntas parroquiales, las 221 municipalidades y las 23 prefecturas, declararían la guerra fría al centralismo personificado en el Presidente de la República y ello erosionará, velozmente, la heterogénea e inconsistente “base política” que ha construido desde el 23 de noviembre de 2023. El dilema presidencial es, por ahora, en lenguaje futbolero, escoger entre validar el “gol olímpico” o anularlo y arriesgarse a perder las próximas elecciones por “autogol”. ¡Se aceptan apuestas!.

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