Se ha designado el 22 de marzo como el día del agua, ese recurso escaso que pareciera ser abundante en el planeta, que cuando recordamos las enseñanzas de la Escuela, se nos viene a la mente que las tres cuartas partes de nuestra casa grande llamada Tierra están cubiertas de agua, por lo que nos imaginamos un volumen enorme. Sin embargo, cuando vemos la realidad, la profundidad de los mares es pequeña (apenas 1380 millones de km3), comparada con el volumen de la Tierra (algo más de 1 billón de km3) y si lo que requerimos es agua dulce para el consumo y uso diario, resulta que el volumen es aún más reducido, pues casi el 97% es agua salada y del 3% restante, el 79% está en los glaciares, por lo que lo que queda en lagos, ríos y reservas subterráneas es una cantidad realmente pequeña.
Si ahora pensamos en la distribución de esa agua en los distintos continentes y países, vemos que hay algunos con enormes concentraciones, frente a otros que la tienen en escasa cantidad. De igual forma hay sitios con adecuada infraestructura para captarla, tratarla, distribuirla y luego recolectar las aguas residuales y darles tratamiento antes de volver a las fuentes naturales, mientras que otros sitios la poca agua que tienen se contamina con el uso que recibe y con basura que se deposita sin tener cuidado.
Hay un gigantesco trabajo de concientización y educación que se debe hacer desde la casa y desde las etapas primeras de la escuela, para que sepamos que ese recurso vital, del que depende nuestra vida, está siendo contaminado y usado con derroche en muchos lugares y que entendamos que en cada sumidero o alcantarilla inicia el mar, que los micropláticos los terminamos tragando nosotros mismo.
Como dice Sadguru sobre este asunto: “La cantidad de agua en el planeta no es el problema: es una cuestión de calidad, distribución y accesibilidad. La única solución real es crear una inundación de consciencia en el mundo”.
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