Ha comenzado a llover en Azuay, que concentra casi el 40% de la capacidad de generación hidroeléctrica nacional (2.042,49 MW de 5.192,30 MW) y casi la cuarta parte de la potencia total de generación instalada del país y eso hace suponer que los apagones acabarían. Mis dones adivinatorios son limitados y asegurar eso dependería de que los caudales se incrementen en los ríos como para estar en condiciones de abastecer la operación regular de las centrales y almacenar los excedentes en los embalses. Además, que también llueva en Colombia, para que nos provea de energía cuando sea preciso y deberían estar en condiciones de entregar toda su capacidad las centrales de energías no renovables, muchas de las cuales están carentes de mantenimiento y con una antigüedad apreciable.
Para aclarar el tema, la central Molino (1.075 MW) tiene 10 unidades que dan su máxima capacidad con unos 20 m3/s, lo que implica que deberían ingresar 200 m3/s para mantenerla operando en esa condición. La Central de Mazar (170 MW) es solo de pasada, por lo que, si hay agua, podría también generar y enviar el excedente a la siguiente represa (Daniel Palacios). La siguiente central Sopladora, utiliza el caudal de salida de Molino, por lo que no necesita agua adicional. En definitiva, si Molino no opera a máxima capacidad y el caudal de ingreso a Mazar es mayor al de generación se podrá recuperar el embalse y mantener reserva para el estío.
El escenario es parecido en Coca Codo Sinclair, por lo que, si hay lluvias en Pastaza y Napo y en las vertientes orientales de las provincias serranas vecinas, la operación de esa central será normal, pero sin capacidad de almacenar, por ser central de pasada.
Según el Atlas Eléctrico Ecuatoriano 2023, disponemos de 8.254,45 MW potencia efectiva de los 8.899.58 MW instalados, que no alcanzan para autoabastecernos y frente al crecimiento anual de la demanda que suele ser mayor a 4%, vuelve forzoso el ingreso de nuevos generadores y que el país dé pasos firmes en la instalación de generación distribuida (paneles solares y otros) para aliviar la situación. Recordemos que las centrales hidroeléctricas requieren de, por lo menos, unos 4 años para construirse y entrar en operación.
Mi presagio es que los verdaderos técnicos propondremos soluciones y serán acogidas por quienes deben tomar las decisiones políticas para incorporar nuevos generadores y líneas de transmisión para beneficio y progreso del país.
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